Es martes por la noche en Asunción. Recostado en su habitación después de otro día de entrenamiento, Santiago Molina mira por tevé el partido de su Cerro Porteño, que en tierras colombianas, reanima su sueño copero. Él también anhela y va escalando hacia su objetivo.
El defensor central carlospacense dejó las inferiores de Instituto a mitad del año pasado para pasar a Cerro Porteño, el club más grande de Paraguay. Se afianzó rápidamente y, en un puñado de encuentros, se transformó en el capitán de la Reserva del Ciclón.
“Me encontré con el club más grande de Paraguay. A donde vayamos a jugar, todos nos quieren ganar. Eso está bueno porque te exigís más”, le cuenta el ex Atlético Carlos Paz a DXT Carlos Paz.
A pesar de sus cortos 20 años, Molina tiene su objetivo claro. “Quiero crecer deportivamente y llegar a la Primera, después todo se irá dando”, asegura el defensor, aunque también sabe que será difícil. “En este momento el club tiene muchos jugadores de experiencia. No estoy lejos de debutar, pero tampoco puedo aflojar”, explica.
El delantero más difícil que le toca defender es la distancia con su familia. “Es difícil, a mi mamá la vi una vez desde que me vine a Paraguay. Mi viejo viene más seguido, me aguanta un montón, y mi novia, Victoria, está siempre”, cuenta Santiago y destaca la amistad que forjó con Cristian Álvarez y Jonathan Santana, los argentinos que están en el plantel profesional del Ciclón.
Cerro sacó un empate de su visita a Bogotá. La pasó mal. Si no fuera por su arquero, Antony Silva, se hubiera vuelto a Asunción con las manos vacías. Santiago Molina sigue en su habitación. Se acuesta, el doble turno comienza a pasarle factura. Necesita descansar, por la mañana debe seguir escalando. Camino al Cerro.