Sportivo Bolívar se está jugando una parada importante en el Súper 9 ante Poeta Lugones en el Alfredo Omar Ali. Alan Moreno acaba de meter un triple desde su casa y levanta al puñado de setenta personas que se hace presente en Villa Domínguez. Mientras tanto, la “Mecha” y el “Flaco” intentan sacar todos los pedidos de la cantina.
Desde hace 27 años son los encargados del bufete de Sportivo Bolívar, cuando llegaron desde Chañar Ladeado, un pueblo de Santa Fe que se encuentra en el límite con la provincia de Córdoba.
“Vinimos por tres meses y nos quedamos para siempre”, comenta la “Mecha”, mientras continúa y enumera su familia: “Llegamos con Lorena y Yohana, y acá nacieron Julieta y Federico”, explica. Federico juega en Pesca, el clásico de siempre, y admite que hay encontronazos familiares cada vez que se cruzan por el asociativo. “La última vez no fue a casa por tres días. Que juega allá, yo voy a seguir alentando por Bolívar”, asegura.
“El club para mí es todo. Pasamos todo el día acá adentro. Es una forma de vida, este bufete es el living de mi casa”, cuenta Mercedes, mientras busca un pañuelo para secarse las lágrimas que caen de sus ojos.
Las pasaron todas. Nadie les pueda contar lo que significa Bolívar. “El club creció mucho. Antes sólo alquilábamos la cancha de futbol 5, hoy estamos en Primera. Estuvimos 10 años sin comisión, pero el club nunca paró”, prosigue. “Lo más lindo que me tocó vivir fue el ascenso. La fiesta que se vivió fue hermosa e inolvidable. Fue la frutilla del postre después de varios años de sufrimiento”, asegura.
Con el paso del tiempo se convirtieron en un clásico del club. No te podes ir de Bolívar si no probas los choripanes y el locro del “Flaco” o las empanadas de la “Mecha”. “No, las empanadas son del Flaco, yo sólo pelo la cebolla”, corrige Mercedes. “Creo que la receta está en el amor que le ponemos. Cocinamos como si fuera para nosotros”, sostiene.
“No me imagino la vida sin Bolívar. Ahora no sé qué va a pasar, porque se nos vence el contrato. Pero por más que me vaya, voy a seguir viniendo, acomodaré las camisetas”, advierte la “Mecha”, cuando suena la campana y hay descanso largo. El living de su casa volvió a llenarse.