Sunday 16 de August de 2026

ciclismo

Aventurero de acá a la China

Gabriel Duarte ya se encuentra en los primeros días de su excursión por ''el Camino de la Seda''. Sin embargo, no es su primer trayecto realizado 100% en bicicleta. En ésta entrevista, su historia, su solvento económico, anécdotas y recomendaciones.

 
   Piloni, Daniel
 
 

Se llama Gabriel Duarte Errandonea. Tiene 38 años y vivió los últimos 15 en Alicante (España), pero regresó cada verano para trabajar por las temporadas veraniegas en el negocio familiar, unos regionales ubicados al fondo de la Galería Sarmiento de Villa Carlos Paz desde hace 30 años. 

Hoy, la vida lo encuentra arrojado en un bosque de Italia, descansando con la bicicleta y una carpa armada a su lado tras 10 días consecutivos pedaleando desde España rumbo a China, viaje que rememora ''el Camino de la Seda'' mediante el cual comerciaban éste producto desde el siglo I a.C. 

Creando cortos videos que funcionan como fieles testigos de sus aventuras, Gabriel ya dejó atrás a España y Francia rumbo a ésta epopeya pactada para ocho meses de duración. Sin embargo, no es su primera expedición 100% en bicicleta. Su historia, el solvento económico, anécdotas, recomendaciones y aprendizajes, en la siguiente entrevista.

-¿Cuál es la historia de éste romance con la bicicleta?

-Siempre hice viajes en bicicleta o de mochilero entre noviembre y enero que terminaba una temporada y empezaba otra. En bicicleta empecé desde muy chico. Soy nacido en Miramar (Buenos Aires), ''la Ciudad de las Bicicletas'', y el primer viaje lo hice con mis tíos y primos a los ocho años a un pueblo que está a 20 kilómetros, Nicanor Otamendi. Recuerdo que me encantó.

Luego vinieron otros así en familia por ahí cerquita. Ya después nos fuimos a Villa Carlos Paz cuando tenía 10 años y con los chicos del Cristo Obrero hacíamos salidas de fin de semana. Luego, me cambié al Instituto Bernardo D'Elia y todo eso quedó en la nada, aunque siempre seguía usando la bici. 

-Y a España llegaste...

-... a los 23 años. El primer viaje largo que hice fue el camino de Santiago de Compostela, desde Jean Pie de Port en Francia hasta Finisterre de Galicia. Luego, otro año crucé el norte de la India y Nepal durante dos meses; después, el Sudeste Asiático de Vietnam a Tailandia; y ahora estoy haciendo ''la Ruta de la Seda'', trayecto que hace mucho que tengo en mente pero que no pude hacer por mi trabajo en España. Ahora dejé el trabajo, dejé España, ¡y ya no tengo excusas! (ríe). También hice otro camino de Santiago de Compostela pero caminando y el año pasado me volví en moto desde Alicante a Madrid pasando por Toledo y vendí la moto en Madrid antes de volverme para allá. También he viajado sin bicicleta por Europa, Egipto, Marruecos, Jordania, Rusia, China, etc.

-¿De qué se trata ésta expedición rumbo a China?

-Este viaje es desde Alicante hasta Xian, lugar donde comenzaba y/o terminaba ''la Ruta de la Seda''. La idea es cruzar España, Francia, Italia, Eslovenia, Croacia, Bosnia, Montenegro, Albania, Macedonia, Crecía, Turquía, Armenia, Georgia, Irán, Turkmenistán, Uzbequistan, Tayikistan, Kirguistán y China, a donde arribaría en noviembre calculo. Serían 13.000 kilómetros.

 

-¿Cómo solventás un vaje así de largo?

-Evidentemente se necesita plata para viajar durante ocho meses pero es mucho menos de lo que la gente cree, ahora estoy durmiendo en un bosque de un pueblito de Italia que se llama San Giorgio in Brenta. Me encontré de casualidad con una argentina y me indicó donde podía poner la carpa sin q nadie me vea... Y así todas las noches.

Sólo me permito una noche de hostel por semana. Las demás noches busco lugar. Puede ser un bosque, la playa, una iglesia, casas que están en construcción o abandonadas o ciclovías con descansos (bancos, mesas, etc). Cuando entre en Asia me imagino que las mezquitas serán un buen lugar. En el Sudeste Asiático me dejaban dormir en los templos budistas así que no creo que haya problema. Como te digo, llevo de todo: para dormir, para cocinar, un panel solar plegable que me recarga el celular y las baterías de las cámaras.

-¿Tuviste o tenés planeado trabajar en alguno de los viajes?

-No me ha hecho falta trabajar en otros viajes porque siempre eran como máximo de dos meses. Éste es el más largo. En principio, si cumplo el presupuesto mensual de 300 dólares que tengo, voy a estar bien. Pero si surge trabajo en el camino, no lo descarto.

-¿Cómo soporta el cuerpo semejante esfuerzo de tantos kilómetros?

-El cuerpo se adapta a todo. Yo ni soy un atleta y ni siquiera me considero deportista, aunque me guste hacer deporte. Estoy adaptado a la bicicleta y voy bien. Hgo alrededor de 90 o 100 km. diarios e intento descansar un día a la semana, pero ahora llevo 10 días sin descansar porque acá en Italia no encontré ningún lugar para acampar y estar seguro de que nadie me va a molestar.

 

-¿Qué lugar recomendarías de todos los que has visitado?

-Yo recomiendo Nepal a todo el mundo. Te tienen que gustar las montañas, pero es un país hermoso, barato, con gente increíble y que -dentro de sus posibilidades- hacen todo para que estés bien.

-Si bien estás en pleno comienzo de éste viaje, ¿tenés algún otro viaje planeado a futuro?

-La verdad es que -como soñar es gratis- sueño con cruzar América o África en bicicleta, pero después de este viaje quiero intentar llevar una vida mas normal, así que veremos.

-¿Qué es lo que más te llamó la atención de tus viajes?

-Lo que más me sorprende de viajar solo es que siempre aparece un ángel para solucionarte o ayudarte con los problemas que puedan aparecer. Puede ser una pareja en Venecia para llamar al hostel de noche para ver donde queda y acompañarte hasta ahí; puede ser un mecánico en una ruta de Camboya que justo tiene una rueda vieja con las medidas de los rayos de la tuya y no te cobra nada por ella; puede ser un grupo de chicos en un pueblo de la India que terminan abriéndote el hospital para que duermas dentro cuando ya era de noche y no tenias carpa para dormir; puede ser que vas a comprar frutas en un pueblito en la frontera de Vietnam y Laos y aparece el dueño de un restaurant que te invita a cenar y a que duermas dentro del restaurante... En definitiva, me sorprende la forma en que se solucionan los problemas cuando parece que todo va mal. Siempre aparece alguien.

-Seguramente se te abrió la cabeza con tantos viajes... ¿qué aprendiste?

-Supongo que, evidentemente, aparte de aprender otras culturas, te das cuenta de que se puede ser feliz con mucho menos de lo que tenemos. Sin ir más lejos, yo ahora tengo dos remeras para pedalear. Si lavo una como hice recién, ya sé que usaré la otra mañana y no pierdo tiempo pensando en qué me voy a poner, sencillamente, porque no hay opción (ríe). 

¿Cuál fue el puntapié inicial de ésta aventura?

Siempre me gustó viajar. Soy una persona curiosa, a la que le gusta saber cómo funcionan las cosas. Ya a los 7 u 8 años me metían junto a mi hermana en el tren y recorríamos los 400 km. que separan Miramar de Buenos Aires para ver a mi familia paterna en Capital. Por lo tanto, el viajar siempre formó parte de mi vida. 

Entonces, si unís que me gusta viajar y me gusta la bici, ¿qué faltaría? La aventura. El primer libro que me regaló mi madre fue un cómic de Robinsón Crusoe que aún conservo. Me fascinaba cómo lograba sobrevivir a través de los años. Desde entonces me gusta mucho leer pero soy especialmente aficionado a las novelas de aventura (Julio Verne, Jack London, etc.).

Recuerdo cuando me fui a vivir a España. Pararme enfrente de una agencia de viajes y ver una oferta a París por el dinero que yo ahorraba cada mes. ¡París! Y aluciné. Me di cuenta de que estaba en Europa y de que allá estaba todo cerca, así que me puse a averiguar, trabajé 12 años en un kiosco de diarios y revistas en la playa San Juan de Alicante y devoraba todas las revistas de viajes que iban llegando hasta que salió una nota sobre Interrail (modalidad de viaje en tren con un billete único especialmente destinado a jóvenes). Ahí ya lo decidí: al final de la temporada me iría a recorrer lo que más me interesaba de Europa. Yo ya tendría 27 años.

Al final, averiguando, me salía mejor de precio ir en tren por mi cuenta y diseñar un viaje sin estar atado a nada. Y así fue: 45 días recorriendo Europa con una mochila.

 

-Algunas personas sentirían temor a lanzarse así por el mundo. ¿Tenés miedo en algunas ocasiones? ¿Qué te dice tu familia?

-El miedo siempre está y es bueno que esté porque te mantiene alerta. El problema es cuando el miedo te paraliza. Siempre pensaba que llego hasta donde puedo y, cuando no puedo más, paro y me vuelvo a casa. ¿Qué es lo peor que me podía pasar? Yo no puedo quedarme pensando en por qué no hice las cosas. Necesito hacerlas. Después veo cómo salen. Desde luego, el mundo no es el que vemos en las noticias. Esas son sólo malas noticias y son noticias porque son extraordinarias. El mundo es un buen lugar, con buena gente en un 99%. La verdad que no soy muy familiero, entonces ellos se preocupan pero saben que lo voy a hacer igual.

-¿Qué le dirías a la gente que no se anima a hacer cosas así?

-Yo le recomiendo a todo el mundo q salga, que viaje, que salga de los recorridos turísticos establecidos y vaya a los lugares donde va la gente del lugar, mercados por ejemplo. Ahí se ve la verdadera esencia del lugar, cómo se tratan entre ellos, oómo te tratan a vos cúando no sos un dolar con patas (ríe) o cuando sólo quieren conocerte sin esperar una retribución económica a cambio. Por ejemplo, si me preguntaras a que país sería mas reticente a volver, sería Egipto. Fui en los años de la "primavera árabe" y no había casi turismo (¡estaba sólo dentro de la pirámide de Guiza!) y ellos te veían como dinero y nada más. Estaban todo el tiempo queriendo venderte cosas o directamente intentando engañarte a cara de perro, dándote el vuelto de las compras mal, etc. 

En definitiva, de los viajes se aprende y es algo que nadie te va a sacar nunca, que se queda con vos para siempre. Por supuesto que siempre hay que tomar recaudos. Por ejemplo, recuerdo el viaje en bici por la India y Nepal en que yo no llevaba carpa porque sabia que en todos los pueblos había pequeños hoteles y muy baratos. Entonces, al final del día llegaba al hotel y para verlo necesitaba dejar la bici afuera toda cargada y al principio me preocupaba porque yo era una atracción para ellos, pero al final te acostumbras y allí nadie te toca nada. Todos miran pero no pasa nada. Recuerdo pinchar una rueda en la ruta y, a los 5 minutos, ¡tener 20 personas alrededor mirando como cambiaba la cámara! Eso es trabajar bajo presión (ríe). 

Como te digo, siempre hay que ser prevenidos, tener sentido común y saber decir que no cuando tenemos que decir que no, pero, en el caso de un viaje como el mío (y esto creo que es importante), aprender a decir que sí, a dejarse ayudar. La gente es feliz también cuando ayuda y muchas veces, cuando te ve venir en bici, se ve reflejada en algo que le hubiese gustado hacer y, por lo que sea.

-¿Qué tiene de particular hacerlo en bicicleta?

-Creo que viajar en bicicleta es la mejor manera de hacerlo. Se va a una velocidad justa para recorrer bastante al cabo del día y así mismo para sentir cada kilómetro recorrido, sufrir y disfrutar del sol de la mañana cuando empieza a calentar, de la lluvia, del viento, de los olores a medida que cambian los paisajes, de la sonrisa de la gente, etc. Porque prácticamente cuando te ve todo el mundo te sonríe, desde el que va en bici como vos hasta el que viene en una Ferrari. La bici despierta simpatía y te devuelve a la infancia (esto es una teoría personal). Todos ampliamos nuestro horizonte cuando aprendimos a pedalear y también ampliamos nuestros sueños, desde el más pobre al mas rico tuvo una bici como primer medio de transporte y seguro tiene buenos recuerdos.

Y otra cosa importantísima es la libertad. Para mí es como un amor platónico que sé que voy a ver cuando viajo sin nada establecido y va a desaparecer cuando vuelva a casa y a la rutina. Por ejemplo, hoy me gustó tanto este lugar al que me trajo la argentina que conocí ayer que me voy a quedar todo el día y va a ser el día de descanso que Italia me debía (ríe).

''La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres'', Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra).

¡Mirá lo mejor de su viaje por el Sudeste Asiático!

 

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